Patentes de corso

Todos tenemos un amigo, un enemigo, un conocido o, incluso, un desconocido que casi llega a ser futbolista pero, por cosas de la vida, terminó siendo cualquier otra cosa. Generalmente es una lesión ¿no? Muchos sueñan con ser futbolistas, haberlo sido, o que sus hijos lo sean. Muchos se creen directores técnicos pero no se han enterado que decir “mía” en pleno terreno no es siempre contra las reglas. ¿Por qué todos lo sueñan? Parece un lugar privilegiado desde todos los reflectores, pues son millonarios, cosa que muchos apreciarían ser, tienen un calendario cómodo, no se ven oprimidos por grandes jefes, en fin, es casi como la gente imagina que es ser estrella porno, y que debería disfrutarse. El problema resulta de los imperativos morales que caen sobre los jugadores. Esto no es sobre ellos, sino sobre nosotros, los que los vemos y cómo los juzgamos.
¿Hasta qué punto un jugador debe ser sancionado por sus comportamientos fuera de la cancha? ¿Sólo debe importar que corra, marque, meta huevos? Parece que sí, parece que lo que pase por fuera de la cancha no tiene que ver con el jugador, porque una cosa es el “Tigre” y otra cosa Radamel. Hay un montón de casos, de hecho el fútbol está construido como una manifestación clara de los comportamientos culturales habituales de la sociedad. No es de extrañar que en Inglaterra sea terrible simular una falta mientras que en Colombia es totalmente alabable. El fútbol, entonces, debe ser violento y tramposo, pues los que lo juegan son así, a menos que en verdad podamos afirmar que el jugador deja de ser humano al momento de ponerse una camiseta de su equipo.
Si no es así, vale la pena preguntarse por ciertos casos, por ciertos momentos. Hay un montón de ejemplo, pero pensemos en esos que no le molestan a usted. Vidal, chocando su carro en Chile por ir borracho. No sólo no pagó cárcel, como debería, sino que su carrera futbolística no sufrió impacto alguno. Pensemos en Maradona, quien salió positivo por cocaína en pleno mundial y, 4 años antes, llevó a su equipo a la final del mundo gracias a un gol con la mano. Ahora, pensemos en los casos que a usted le emputan. Armero, acusado de golpear a su mujer, fue convocado a la selección Colombia, siendo representante de una cantidad de personas que lo defendieron. Falcao, de manera descarada, charló con los peruanos para no agredirse, evitando riesgos para la clasificación mundial de Colombia. Recuerde, ahora que está bejuco, que no importa si Chile lo había hecho o no. Un jugador y la persona detrás de él, es decir, Teo y el delantero del junior ¿no son uno y el mismo? Recordemos que los reflectores están allí. Tal vez eso habría de valer.